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Jueves 29 de julio de 2010
El drama de un ludópata
Perdió 9 millones de pesos en una semana en casinos de la zona. Hoy no tiene dinero ni para regresar a su país.

francisco carrasco manquilepe

La adicción al juego o ludopatía no es un fenómeno de moda. Más bien es una pesadilla que se vive en silencio y que se disfraza para aparecer como ajeno a los problemas de la familia.

Sin embargo, cada vez es más frecuente escuchar en el diálogo informal la historia del amigo que ganó tanto dinero u otro que empeñó hasta su reloj para seguir jugando en un casino. La siguiente es una de estas historias.

DEL CIELO AL INFIERNO

Juan Enrique Riquelme Figueroa (48) fue un próspero empresario chileno en Argentina hasta el lunes cuando quedó en bancarrota.

Su última célebre y triste hazaña fue perder en la ruleta de un casino de la zona nueve millones de pesos en una semana. Los últimos recursos que él y su familia tenían.

La historia de Riquelme -cronológicamente hablando-parte de un final que pudo ser: su suicidio la mañana del martes.

"¿Qué le digo a mi familia? ¿Con qué alimento a mi hijo?..." fueron sus preocupaciones al despertar luego de perderlo todo .

adicción

Hace diez años que viene perdiendo su patrimonio. Partió junto con la proliferación de los casinos en las provincias trasandinas.

"Todo empezó de a poco -cuenta -. Primero tenía un presupuesto. Luego me jugué las ganancias de los locales que arrendaba. Después el arriendo de los locales que era mi sueldo; el automóvil y por último mis propiedades y la casa".

Siempre escondió su adicción.

Por varios años jugó en Neuquén, Bariloche y Cipoletti y cuando la presión familiar lo atosigó viajó 400 kilómetros a Pucón para jugar varias veces al año en el casino con la excusa de ver a familiares.

En cada noche, Figueroa gastó tres a diez millones de pesos y lo más gracioso es que nunca ganó. "El resultado era siempre una depresión y el juramento de que nunca volvería a hacerlo, pero al final volvía" dice.

FINAL Y ARREPENTIMIENTO

Los años pasaron y los recursos escasearon. Las deudas lo obligaron a vender su casa y vehículo.

Intentó dejar las apuestas, pero la adrenalina y al final la depresión de perderlo todo, lo atraían.

El final de Figueroa era previsible y llegó la noche del lunes cuando se gastó lo último que le quedaba de la venta de su propiedad con la cual traería a su familia a Chile.

Hoy su familia no sabe de la pérdida y él no tiene dinero para volver a Argentina.

"Sé que soy un ludópata… y lo sé desde el momento en que vengo acá a contar mi historia. Con esto llegó mi fin con los casinos y voy a buscar la forma de tratarme y trabajar en cualquier cosa para resurgir" dijo.

Estudios extranjeros dicen que entre el 0,5 al 2% de los jugadores son ludópatas. En Chile la realidad no es medida y relatos como éste siguen siendo contados como anécdotas en el bar del casino de moda.